Verdades crudas de Mo Farah ponen los reflectores en la estricta política migratoria del Reino Unido

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Mo Farah, del Reino Unido, en primer plano, después de ganar la medalla de oro en la final de 5000 metros en los Juegos Olímpicos de verano de 2012 en Londres, el 11 de agosto de 2012. (Josh Haner/The New York Times).
Mo Farah, del Reino Unido, en primer plano, después de ganar la medalla de oro en la final de 5000 metros en los Juegos Olímpicos de verano de 2012 en Londres, el 11 de agosto de 2012. (Josh Haner/The New York Times).

LONDRES — Las desgarradoras revelaciones de Mo Farah, la estrella del atletismo olímpico, sobre su llegada al Reino Unido como víctima de tráfico ilegal cuando era niño, han resonado con fuerza en su país de adopción, donde la inmigración todavía es un tema tenso, en especial ahora que los candidatos en la competencia para remplazar al primer ministro Boris Johnson han defendido la política gubernamental de enviar a algunos solicitantes de asilo en aviones con destino a Ruanda.

Algunos expertos comentaron que esperan que la cruda historia personal de Farah le dé un rostro humano a los complejos retos que enfrentan los inmigrantes, refugiados y solicitantes de asilo, y coloque el debate en un contexto distinto a la estrecha perspectiva adoptada por el gobierno, cuya única preocupación es reducir el número de personas que cruzan el Canal de la Mancha con rumbo al Reino Unido.

Si bien los expertos en migración aclararon que no esperan que el caso de Farah produzca cambios en las políticas de aplicación generalizada en una época en que el Partido Conservador gobierna en el Reino Unido, sí creen que podría generar conciencia entre el público sobre las funestas consecuencias del tráfico humano, en particular de niños.

Los agudos recuerdos de Farah (sobre la persona que lo transportó a los 9 años de edad de su nativa Somalia al Reino Unido con un nombre falso y lo forzó a realizar servicios domésticos para una familia, así como la intervención de un maestro de educación física de su escuela que logró rescatarlo para que quedara al cuidado de la mamá de un amigo) dejaron pasmados a los británicos, que creían conocer a uno de sus más grandes deportistas.

“Es una historia muy importante”, señaló Rob McNeil, subdirector del Migration Observatory en la Universidad de Oxford. “Si no creas momentos para permitir que un caso excepcional ilumine lo cotidiano, corres el riesgo de que la gente no vea las cosas comunes y corrientes”.

McNeil explicó que duda que la avalancha de reacciones en respuesta a la historia de Farah afecte la política gubernamental que manda transferir a los solicitantes de asilo a Ruanda. Desde que se anunció el plan en abril, el gobierno ha procedido, a pesar de varios problemas legales y de las férreas críticas de algunos activistas de derechos humanos.

El Reino Unido canceló el mes pasado el primer vuelo programado a la capital de Ruanda, Kigali, e indicó el 12 de julio que no habrá más vuelos hasta septiembre, después de que se elija al nuevo líder del Partido Conservador y primer ministro. También entonces se hará una revisión judicial más amplia de la política.

Mo Farah, del Reino Unido, celebra después de ganar la medalla de oro en la carrera de 5000 metros en el estadio olímpico durante los Juegos Olímpicos de verano de 2016 en Río de Janeiro, el 20 de agosto de 2016. (James Hill/The New York Times).
Mo Farah, del Reino Unido, celebra después de ganar la medalla de oro en la carrera de 5000 metros en el estadio olímpico durante los Juegos Olímpicos de verano de 2016 en Río de Janeiro, el 20 de agosto de 2016. (James Hill/The New York Times).

De cualquier manera, varios de los candidatos principales han confirmado su apoyo al plan de reubicación, que es popular entre los ciudadanos que votan por el Partido Conservador. Uno de los candidatos centristas, Jeremy Hunt, indicó que estaría a favor de ampliar la lista de países listos para recibir solicitantes de asilo, para que Ruanda no sea el único.

“Si queremos convertirnos en un país compasivo que ofrezca un refugio seguro para las personas que verdaderamente necesiten asilo”, dijo Hunt en una entrevista con Sky News, “debemos encontrar rutas legales y seguras para que las personas puedan venir, y evitar la locura de que pongan su vida en manos de traficantes de personas por querer cruzar el canal”.

Líderes políticos de todas las afiliaciones se apresuraron a rendirle tributo a Farah, como testimonio del lugar privilegiado que ocupa en el deporte británico. Es posible que sea el corredor de larga distancia más exitoso de la historia y el primer deportista británico de atletismo en ganar cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos.

En 2017, la reina Isabel II le concedió a Farah el título de caballero por sus servicios al deporte. Cuando apareció durante un concierto en honor de la reina por el Jubileo de Platino el mes pasado, la audiencia lo recibió con una nutrida ronda de aplausos.

“Todo lo que ha superado Sir Mo demuestra que no solo es uno de nuestros más distinguidos atletas olímpicos, sino un excelente británico”, escribió en Twitter Sadiq Khan, el alcalde de Londres.

Farah’s full story will air Wednesday in a documentary produced by the BBC and Red Bull Studios. Through a spokesperson, he declined a request for further comment.

In the documentary, Farah expressed concerns that he was putting his British citizenship at risk by sharing his story. But Britain’s Home Office said it did not plan to take action against him. Children are not complicit in fraud or false representation committed by their parent or guardian. Government officials also said they did not expect to take any action against Alan Watkinson, the teacher who helped him obtain citizenship.

Encouraged to pursue sports by Watkinson, Farah went on to win a gold medal in the 5,000-meter and 10,000-meter races at the 2012 Games in London — the latter providing a stirring climax to what came to be known as “Super Saturday,” when Farah won one of six British golds in a single day on home soil — and then repeated the feat in Rio de Janeiro four years later.

Those achievements turned Farah into a household name, with his signature “Mobot” victory celebration featured in advertising campaigns for everything from broadband providers to meat substitutes.

Although Farah’s reputation was tarnished by his connections to Alberto Salazar, the disgraced coach found to have violated doping regulations in 2019, his popularity proved sufficiently resilient for him to embark on a reality television career the following year.

For all the brutal details of his story, Farah’s flight from Somalia bears similarities to those of many others.

After the outbreak of war in Somalia in 1991, many families fled, seeking refuge in neighboring countries like Kenya and Ethiopia and later finding resettlement opportunities in third countries. Some of those fleeing also arrived in Western countries after a spouse or family member filed an application sponsoring them.

At times, families substituted one relative for another for various reasons, among them the fact that the original person in the application might have been killed in the war. That meant that a child would have their names and places of birth changed and the exact relationship to that relative concealed.

For children caught in this web, many would go on to live in a new country with men and women they did not particularly know or were distantly related to — opening the door to abuse and exploitation.

“This is pretty shocking,” Nadifa Mohamed, whose first novel “Black Mamba Boy” was based on her father’s story of hardship and survival before arriving in Britain, said in a phone interview. “For him to have so much fame under a name that was imposed on him from these really terrible circumstances is just shocking.”

Ayan Mahamoud, the former Somaliland representative to Britain, said Farah was “brave” for opening up about his past, particularly in light of how his so-called family repeatedly went to the tabloids to disparage him for falling out of touch with them after he became famous. His revelations, she said, should bolster conversations about the impact of trafficking on children and how to care for them.

“I am so proud Mo had the courage to speak up and tell his story,” Mahamoud said in a phone interview from Hargeisa, the capital of Somaliland, a breakaway region in the northwest of Somalia. “They trafficked him to a hell-house, but he was able to overcome it and become a free man.”

Human trafficking remains pervasive across the Horn of Africa, with women and children moved across borders for domestic work, sexual exploitation and forced begging, according to the International Organization for Migration.

© 2022 The New York Times Company